Ya es tarde, decía entre dientes Iván, que no paraba de mirar a la gente que esperaba el siguiente tren que los llevaría a su casa, Jorge su amigo estaba sentado junto a él, su mirada era triste pues llevaba cerca de 2 horas hablando de los malos ratos y de la confusión que podía generar tener un amante.
Iván trataba de poner atención sin embargo era imposible, la plática era aburrida, a él no le interesaba; cualquier cosa bastaba para desviar su atención, la señora gorda que pasaba, el anciano que no dejaba de balancearse como un elefante debido al cansancio e incluso el niño que no paraba de llorar y cuyos llantos se mezclaban con la voz profunda de Jorge. Iván se encontraba cansado, no quería permanecer ahí y se vio obligado a hacer algo que le incomodaba pero que era necesario, Hablar.
Ya es tarde, dijo Iván, solo después de esperar el justo momento en que Jorge se tomó un tiempo para respirar, tienes razón, creo que ya te dejare ir, -Dijo Jorge, liberando una ligera carcajada que servía para romper la tención y para ocupar su mente y corazón que hasta hace un momento estaban destrozados por la tristeza. Los dos se pusieron de pie, y entre la multitud se despidieron, para desaparecer entre el mar de personas que esperaban el siguiente tren.
Iván caminaba para tomar el autobús que salía afuera de la estación, mientras caminaba no podía dejar de hacer lo que hacía desde que tenía 6 años y que para él era prácticamente un juego, a Iván le gustaba mirar la gente en la estación y dependiendo de su estado de ánimo se imaginaba una situación, cualquiera era buena, un robo, un terremoto, un incendio, para posteriormente mirar a las personas a su alrededor y decidir cuál de esas personas moriría, cual sufriría y cual simplemente viviría un tormento al ver a sus seres amados morir.
Sus pensamientos llegaban mas allá de lo normal, Iván se sentía a gusto con su juego e incluso podía sentir el olor de la carne calcinada, imaginaba los rostros de terror y desesperación cuando una parte del techo los aplastaba, era gracioso y divertido e incluso era inevitable mostrar una ligera sonrisa en su rostro, la cual contrastaba notablemente con sus ojos pequeños y negros, haciéndolo ver como si fuera un niño, un niño inocente.
A sus 25 años, su vida había sido aburrida, vivir solo no lo satisfacía, necesitaba de algo mas, sin embargo ni si quiera él con su mente extraña era capaz de de definir qué era lo que quería, pues su mente siempre estaba llena de pensamientos que en momentos parecieran un enjambre de abejas cuyo zumbido rebotaban dentro de su cráneo.
Iván se formo para subir al autobús, mirando a cada uno de las personas que subían ordenadamente al autobús, hacia un días que no salía de su departamento, tenia sueño, subió por los pequeños escalones del autobús, pago su respectivo pasaje y se dispuso a sentarse en el mismo lugar de siempre, el ultimo asiento a la derecha, junto a la ventana.
Desde ahí podía ver todo, cada uno de los pasajeros en el autobús, su forma de sentarse, la ropa que llevaban, con quien estaban, que platicaban, tener esa y mas información lo tranquilizaba, a tal grado que Iván se quedo dormido.
Sus sueños eran sombríos hacia una semana que no podía dejar de pensar en las aventuras de algunos asesinos, los cuales había leído en un libro que había comprado, el los revivía una y otra vez, agregaba su estilo, los mezclaba, siatuacion que a él simplemente les fascinaba.
Su sueño se vio interrumpido cuando un hedor embriagante se apoderaba del autobús, una mezcla de sudor, mugre y alcohol que emanaba desde un anciano que para mala fortuna, se sentó al lado de Iván, quien se vio obligado a recostar su cabeza en su mochila la cual estaba llena de libros, libretas y un pequeño cuchillo que había comprado unas horas antes y que había ocupado para un trabajo de la universidad, materiales suficientes para filtrar el aire, el cual gracias a ese anciano era irrespirable.
El anciano estaba ebrio y en unos de sus ataques de locura, volteo directamente a Iván y abrió su boca, la cual mostraba los peores dientes que Iván había visto jamás, lo peor no era la inmundicia de esa asquerosa boca, fueron las palabras dirigidas a Iván, las cuales fueron la peor ofensa que pudo haber recibido, “Y tú que, ¿crees que por estudiar no puedes acabar como yo? Eres un idiota”.
Iván se levanto, y escapo enfrente del anciano, enredándose con sus repugnantes piernas las cuales impedían el paso, la expresión de Iván era digna de una película, su cabeza miraba al suelo y su cabello cubría sus hijos, su mano izquierda sujetaba fuertemente el pasamanos y la mano derecha empuñada, sobresalía de la tela del bolsillo de su pantalón, en donde hasta ahora había permanecido escondida.
La tención en el autobús aumentaba, el anciano seguía gritando, la gente trataba de ignorarlo, pero era imposible, Iván estaba furioso, su corazón latía como nunca antes, y su mente, empezó a zumbar cada vez más fuerte, miles de pensamientos se atiborraban golpeando su cabeza sin parar, sus dientes chocaban unos con otros y su respiración simulaba la de un toro antes de salir al ruedo.
Iván tocó el timbre para descender del autobús, bajo con un paso seguro, lo más tranquilo que puedo, pero era imposible esconder sus pensamientos que aumentaban cada vez mas y se organizaban, gritando al unisonó una sola palabra; venganza.
Iván camino por el callejón oscuro que lo conducía a su departamento, estaba oscuro la luna estaba cubierta por una nube negra, Iván caminaba cada vez más rápido, tratando de escapar de aquel ebrio, que lo había humillado minutos antes.
No podía mas, su corazón latía con tal fuerza que podía sentir su sangre hirviendo, que golpeando cada una de las arterias y venas de su cuello, tenia calor y se sentía desesperado, su mente seguía gritando, desgarrando sus oídos era estremecedor, simplemente insoportable.
Quería gritar, observo a su alrededor y noto que las ventanas que miraban al callejón estaban apagadas, todos dormían, y entonces se percato de aquel hombre, un vagabundo que tenia días rondando esos lugares, indefenso, tirado sobre una caja de cartón y alumbrado por la única luminaria del lugar, era como si alguien lo hubiera puesto en sacrificio, pensó Iván
Sus pupilas de dilataron, sus oídos se afinaron y él decidió cumplir el juego que había perfeccionado desde hacía varios años. Metió la mano en su mochila y saco el cuchillo que recién había comprado, no podía parar, su mente seguía gritando, no podía mas, miro al ebrio y se aventó contra él, clavando el arma en su cuello, la sensación superaba a lo que la pobre mente de Iván había imaginado, podía sentir cada músculo que era destrozado por el filo de la hoja de metal y entonces lo sintió, lo que realmente había esperado por tantos años, la sangre tibia del vagabundo, la cual abrazaba sus manos, escurría entre sus dedos y brincaba hasta su cara.
Se sentía tranquilo, como si todo el coraje que sentia desapareciera, pero su tranquilidad fue interrumpida ante el desgarrador grito de una prostituta cuya silueta había permanecido en las sombras.
Iván tuvo que escapar, no sin antes ver la mirada de terror del vagabundo y escuchar sus lamentos que poco a poco se ahogaban entre su sangre sucia, que no paraba de fluir desde la herida.
Iván corrió, corrió lo más que pudo, corrió como nunca antes, nadie lo seguía y él lo sabía, sin embargo no podía correr riesgos, sus músculos ardían, no podían mas y nunca se detuvo, el cuchillo seguía en su mano y lanzaba pequeños hilos de sangre que se balanceaban sincronizadamente con los movimientos del brazo de Iván, los cuales le servían para tomar impulso y correr mas rápido.
Iván miro la puerta de su departamento, corrió a hacia a ella, saco la llaves y abrió la puerta, solo entonces pudo respirar. Se sintió seguro pero incomodo, prendió la luz y se miro al espejo. Era asqueroso, su camisa se encontraba empapada de la sangre del vagabundo, la cual escurría y goteaba hasta sus zapatos, Iván sabía qué hacer.
Se quito la ropa y la coloco en su tina y con ella se metió bañar, abrió la llave del agua caliente, era imposible enjuagar y diluir tanta sangre, el agua se torno roja, y su olor penetraba por todo el baño, pero Iván se sentía a gusto dentro de ese mar de sangre. Estaba cansado respiraba con dificultad, sus pupilas seguían dilatadas y su mente aun recordaba al vagabundo ahogándose en su propia sangre, era perfecto, lo que había soñado por años, se cumplió y no solo eso, la sensación había sido mejor que en sus sueños.
Iván estaba tranquilo, los gritos en su cabeza habían cesado, se recostó en la tina, suspiro y poco a poco se fue quedando dormido, sintiendo el calor de la sangre que lo rodeaba, saboreando las pequeñas gotas que escurrían de su frente y oliendo los vapores que no paraban de emanar de su ropa, que ahora estaba con él, dentro de su tina, y que se aferraban a la piel de Iván, reafirmando su complicidad en el acto y callando la mejor aventura que para Iván habría de vivir en toda su vida, Después de todo ¿Acaso las sensaciones que se experimentan por primera vez, no superan abismalmente a las que han de venir?
Roberto I. Márquez ( wambox )
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